Marcos Mostaza cuatro

Ya está en las librerías la cuarta entrega de Marcos Mostaza. Como toca en estos tiempos, Marcos está en la cama con algunas décimas de fiebre. Mientras, su peculiar abuelo intenta contarle recuerdos que Marcos ya ha oído más de cincuenta veces. Pero este abuelo siempre encuentra alguna historia escondida en su memoria con la que sorprender a su nieto.

Así empieza el libro:

“No había nadie en casa. Quiero decir que ni estaba mi padre, ni mi madre, ni mi hermana. Estaba yo y mi abuelo. Y los muebles y los electrodomésticos y el aloe vera que crece en la maceta de barro que nos regaló tía Laura y el muñeco Buzz Lightyear que se dejó olvidado mi vecino Lenin…
Yo estaba en la cama con unas décimas de fiebre. Me dolía la garganta. Mi abuelo, sentado en el borde de la cama, con las manos en las rodillas, no dejaba de hablarme:
—¿Te he contado alguna vez que mi bisabuelo casi se hizo rico vendiendo unos polvos mágicos que acababan con las pulgas?
—Como unas treinta veces, abuelo. Se trataba del polvillo de unas flores que crecían a la orilla del camino y que el bisabuelo dejaba secar debajo de la ventana. Casi acaba en la cárcel.
—Ya. ¿Y cuando se hizo pasar por el Gobernador de la provincia de Almería y se hartó de comer buñuelos en una lujosa fonda?
—También, como unas cincuenta veces —le contesté. Mi abuelo torció la boca. Y como si hubiese encontrado el gen responsable del sentido común, me dijo:
—Pero ¿a que no sabes por qué los murciélagos duermen boca abajo?
—¿Los murcianos? No sabía que los murcianos durmiesen boca abajo, abuelo”.

Si quieres leer el resto del primer capítulo, puedes descargártelo en PDF.

Reseña en ABC

“Marcos Mostaza ve cómo su padre opera a la vieja radio de su madre a “transistor abierto”. Un shock. Y al caer al suelo un tornillo despistado, Marcos lo guarda en su bolsillo para luego contarle a su amigo Lechuga 222 -es decir, a Hanif- que se le cayó a un Boeing que se había estrellado en algún lugar remoto de África. Una historia tan común como genial en la que todos tienen sus manías, los abuelos extienden la ropa entre pinzas que simulan banderas de Europa y los amigos se llaman Lenin y Merlín. Divertidos despropósitos entre adolescentes con imaginación”. (T.R., ABCD 26 de septiembre de 2009)

Daredevil según Eloy Merlín

Raquel dice que hay noches de primavera que el olor del mar llega hasta su calle. Sostiene que el viento arrastra también el ruido de las olas. Hanif, con bastante mala leche le contesta que él también huele a mar, sobre todo cuando pasa por la pescadería El faro, que está al comienzo de su calle. Sergio Abadía (me estoy empezando a mosquear) le llama idiota y se pone de parte de Raquel.
—Yo también oigo el ruido de las olas. Y el olor de la sal —asegura Sergio.
—Pero, ¿cómo vas a escuchar el ruido de las olas si la playa más cercana está a más de doscientos cincuenta kilómetros? Ni que fueras Daredevil —le dijo Eloy Merlín, en el patio, en el recreo.
—¿Y quién es ese? ¿No será el delantero centro del Lokomotiv de Moscú? —preguntó Sergio Abadía—. Cómo va de cabeza el tío.
—Tú si que te vas de cabeza. Daredevil no es ningún futbolista, es un superhéroe —le contestó Eloy.
—Un superhéroe ciego que… —dijo Hanif.
—Ciego, pero con sus otros cuatro sentidos super desarrollados —insistió Eloy.
—¿Cinco? ¿No son seis los sentidos? —preguntó Raquel—. Oído, vista, tacto, gusto, olfato y…
—Y nada. Son cinco los sentidos que nos informan de todo cuanto pasa a nuestro alrededor. Pues como os digo: Daredevil es ciego, pero sus dedos pueden leer por el simple contacto con la tinta impresa; también puede identificar a las personas solo por el olor que desprenden y es capaz de escuchar los latidos del corazón de una persona a una distancia de seis metros y saber si alguien le está mintiendo o no al escuchar los cambios del ritmo del corazón, y por si fuera poco…
—Y por si fuera poco, sabe siete idiomas —le interrumpió Hanif.
—¡Qué dices! Y si fuera poco, Daredevil es un implacable vengador de la justicia —remató Eloy, subrayando lo de vengador de la justicia.
—¿Y como es eso de que es ciego? Nunca había oído hablar de un superhéroe ciego —quiso saber Lorena.
—Ni yo —dijo Sergio Abadía.
—Pues por un accidente. De joven lo atropelló un camión…
—De pescado —Hanif estaba gracioso y con ganas de interrumpir.
—¡Qué pesados que sois! —se enfadó Eloy con cara de pocos amigos—. Si no queréis que os cuente qué paso, me callo.
—Sigue, por favor —dijo Lorena.
—El camión iba cargado con un material radioactivo. Con tan mala suerte que un isótopo radioactivo salió volando del camión y chocó contra los ojos de Daredevil. Desde entonces se quedó ciego. Pero, gracias a las sustancias radioactivas que transportaba el camión, sus otros cuatro sentidos se sensibilizaron hasta el extremo…
—Hasta el extremo de escuchar el ruido de las olas —sentenció Hanif.
—Entonces, si no lo entiendo mal, ¿Sergio Abadia es un superhéroe? —dije.
—¿Yooo? —contestó Sergio, superado por la pregunta.
—Tal vez —contestó Raquel.
Aquella respuesta no me gustó un pelo. Sonó la sirena y subimos todos hacia clase.
—El Diablo Atrevido —dijo Eloy camino de las escaleras
—¿Qué has dicho?
—Que Daredevil, traducido al español, viene a ser algo así como El Diablo Atrevido.
—¡Aaah! Lo sabes todo, ¿eh?
—Casi todo.
—Pues ya me dirás qué es un isótopo, listo.
—Pues…

Proyectos de lectura de Marcos Mostaza

Aquí tienes los tres proyectos de lectura de cada uno de los libros de Marcos Mostaza aparecidos hasta la fecha. Datos sobre el libro, los autores, actividades, bromas y juegos… Y una divertida carta de presentación en cada uno. Puedes pulsar sobre las imágenes para descargar el PDF:

Marcos Mostaza en el Heraldo de Aragón

Reseña de Marcos Mostaza tres en el Heraldo de Aragón

“Tercera entrega de esta serie protagonizada por el joven Marcos, zaragocista hasta la médula. En esta ocasión, el relato arranca con la antigua fascinación por los molinillos de café de su madre. Pronto nos enteramos que acaba de caer del cielo un tornillo, no se sabe si de un cohete, un avión o del Discovery; de que Hanif ha escrito dos líneas de una historia de ciencia ficción, que lleva por título provisional ‘Lechuga 222′, o de que Lenin, el azote del vecindario, vuelve a las suyas. Nesquens hace dialogar a sus personajes, se fija en los pequeños detalles, vuelve a usar el email para enriquecer el curso de la historia. En sus historias siempre asoma el barniz surrealista de lo cotidiano.”

Marcos Mostaza tres

Ya está en las librerías el tercer título de la serie, que comienza así:

Zumo de radio

Mamá es de esas personas que todavía muele el café en casa, en un molinillo eléctrico de los años setenta, en la cocina. Por lo que sea, desconfía de los paquetes de café ya molido. Un día le pregunté por qué dudaba del café molido que venden en los supermercados. Mamá me miró, abrió la boca, la volvió a cerrar y se encogió de hombros.
—¿Tienes miedo a que en uno de esos paquetes de café te puedas encontrar una uña de ratón? —insistí.
Ni una palabra como respuesta. No está bien que los padres, en este caso las madres, no contesten a las preguntas de los hijos.
Casi todos los sábados, por no decir todos, sin la preocupación de tener que ir a trabajar, sin prisas, mamá repite la misma operación: enchufa la radio que tenemos en la cocina y se pone a moler café. La radio no va a pilas, está enchufada a la corriente eléctrica. Giras una ruleta negra (clic) y la radio se pone en funcionamiento. Con la misma ruleta regulas la voz que sale de dentro. A ojo, no como el reproductor de CD que tiene mi padre en uno de los estantes de la librería del cuarto de estar, en el que unas rayitas rojas indican lo alto que suena la música. A más rayitas rojas, más volumen. A menos rayitas, menos volumen.

Leer el primer capítulo completo

¡Hola! Soy Marcos Mostaza

A mí no me importa ser español, en absoluto. Pero preferiría ser del norte de América, de Estados Unidos. Del estado de Florida, de Orlando más concretamente. A menos de 30 kilómetros de Disney World. Cogeríamos el coche de papá (lo acabamos de estrenar), enfilaríamos la carretera estatal número 4 y en menos de 20 minutos… a disfrutar de todo el encanto del mundo Disney.

Me gustaría decir que la tierra donde vivo la descubrió Cristóbal Colón, pero lamentablemente no es así.

Vivo en un continente que no sé quién lo descubrió. Parece ser que lleva aquí toda la vida. Si me remontase mil millones de años atrás (minuto arriba, minuto abajo) esta ciudad en la que vivo estaría llena de dinosaurios y vacía de coches, que contaminan con el humo que sale del tubo de escape. Pero como digo, ni soy estadounidense, ni me gustan las hamburguesas, ni el ketchup, ni vivo en una casa rodeada por una cerca de listones de madera acabados en punta, ni puedo subir al desván, ni tenemos un garaje adosado a nuestra casa.

Mi nombre es Marcos, tengo casi diez años y vivo en el valle del Ebro, en Zaragoza. Saragossa que dicen los extranjeros. Vivo con mis padres y mi hermana en un bloque de pisos y el garaje está debajo de la casa. Encima, como es costumbre, está el tejado y, en este preciso momento, una nube con la forma de Mickey. El cierzo sopla y la nube se va. Adiós, Mickey, adiós. Y recuerdos a Minnie, y a Pluto, y a Goofie…

Mi padre se llama papá y mi madre, mamá. O sea, Ricardo y Carmen. Suena como si fuesen unas estrellas del pop.

«Y ahora con todos ustedes Richi and Carmen. Un aplauso para este magnífico dúo», diría un presentador micrófono en mano, corbata en el cuello y peinado con raya.

Y es que cuando mamá canta, una alegre sonrisa adorna sus labios.

«Richi and Carmen, Carmen and Richi, me dejáis… por favor… sería posible…», dice mi hermana Marina cuando quiere salir con sus amigas o llegar más tarde de las diez.

«Se ha dado maquillaje, se ha dado maquillaje», digo yo, por meter algo de cizaña.

«Tú te callas, que nadie te ha dado vela en este entierro».

«¿Qué entierro?, ¿qué vela?».

«Es una frase hecha, mocoso», y murmura algo que solo ella escucha

Mi hermana siempre que se enfada conmigo me llama mocoso.

Mocoso: que tiene muchos mocos. O también: dícese del niño o muchacho imprudente.

Ese soy yo. A veces, no siempre, claro.

Ah, para el que todavía no lo sepa, todos me llaman Marc. Todos menos mi abuelo, que me llama por mi nombre y su apellido (que también es el mío): Marcos Mostaza.

(Capítulo uno. Marcos Mostaza uno, Daniel Nesquens y Claudia Ranucci. Anaya, 2008)

Marcos habla de Daniel Nesquens, el autor

Yo, Marcos Mostaza, soy el protagonista de mi libro, pero no soy su autor. ¿Es un poco lioso verdad? El escritor de este libro es Daniel Nesquens. No nos parecemos demasiado, pero compartimos dos cosas: Zaragoza y un apellido original. En su caso, Nesquens, no es una especia como el cardamomo o el cilantro, o la mostaza; sino un nombre con resonancias futbolísticas de los setenta. Marcos Mostaza es, por supuesto, su obra más importante, pero antes escribió otras casi tan interesantes. Por ejemplo, Diecisiete cuentos y dos pingüinos, Días de clase, Hasta (casi) cien bichos, Mi familia y… Bueno, que no me los sé todos. Algunos de estos títulos que os he citado fueron galardonados con el premio White Ravens, un premiazo en el mundo de los libros infantiles. Daniel dice que su biografía es tan pequeña que cabría en una tapa de yogurt. Eso será la suya, la mía desde luego no, sino que ocupa varios libros tan geniales como el mío.

Entrevista a Daniel Nesquens en RevistaBabar.com

Marcos habla de Claudia Ranucci, la ilustradora

Claudia Ranucci no es de Zaragoza, sino de Roma (la de Italia). Ella ha ilustrado mi historia, la que ha escrito Nesquens. Claudia llegó a Madrid (la de España) hace unos años para cursar una beca como diseñadora en una gran editorial. Cuando finalizó, decidió quedarse aquí dibujando… y cuidando de su jardín, adoptando gatos, cosiendo, marujeando, viendo la televisión y ganando premios. En 2004 le concedieron el primer premio en el IV Certamen Internacional del Álbum Ilustrado Ciudad de Alicante por el libro ¡Ay! Actualmente, divide su actividad entre las ilustraciones, tan chulas como las que ha hecho para mi historia, el diseño y la edición en su propia editorial, y comiendo pasta, que es la comida que más les gusta a los italianos (esto me lo ha dicho Hanif). Es una chica muy guapa, me gustaría que fuese mi profesora de dibujo… ¡Ay !

Marcos Mostaza uno

Marcos Mostaza tiene casi diez años y con él vamos a compartir aventuras, ilusiones, amores, fantasías y secretos. Historias de la vida cotidiana, en clave de humor, contadas a través de la mirada de un niño con el que el lector se sentirá identificado. Sin duda Marcos Mostaza, su familia, los amigos y sus compañeros de clase harán que pasemos un buen rato.