Daniel Nesquens y Marcos Mostaza en Caspe

El pasado mes de noviembre, Daniel Nesquens estuvo en Caspe, en un encuentro con alumnos del IES “Mar de Aragón”. En el blog de este centro escolar nos cuentan detalladamente cómo transcurrió este evento:

“Fue un encuentro fresco, divertido, aderezado con la espontaneidad de estos chicos de 1º de ESO, que todavía no tienen demasiado pudor para improvisar preguntas, incluso las más personales (o para repetirlas). Daniel Nesquens mantuvo el pulso con envidiable sentido del humor y demostró unas inmejorables cualidades para comunicar”.

Lee el post completo en sapereaude3.blogspot.com

Reseña en Mercurio

“Con cotidianeidad, ternura y buen humor construye Daniel Nesquens sus historias. Las de Marcos Mostaza, protagonista de esta estupenda serie que llega ahora a su tercera entrega, vienen además aliñadas por la voz de un narrador, el protagonista, que observa con perplejidad el mundo de los adultos mientras trata de desentrañar el propio. En esta ocasión, un tornillo aparentemente caído del cielo dará pie a una trama en la que se aúnan elementos de ciencia ficción con misterios vecinales o con pequeñas escenas de amor familiar. Una delicia de libro, al que las ilustraciones de Claudia Ranucci acaban de redondear, que atrapará a los lectores que rondan los 10 años.” (Care Santos, www.revistamercurio.es)

Ni una más ni una menos

—Qué te he dicho. Lo cuento todo —dije algo fanfarrón.
—¿Todo?
—Todo. Incluso las veces que subo y bajo en el ascensor de mi casa.
—¿También? No me lo creo ¿Cuántas veces has subido y bajado? —me retó Hanif.
—Con la de hoy: tres mil trescientos treinta y tres.
—¿Justas?
—Ni una más ni una menos.

(Marcos Mostaza cuatro, página 26)

La herencia del abuelo

—Pues sí que sabes cosas, abuelo.
—De algo me tiene que servir pasarme tantas horas metido en la biblioteca pública. Hay unos libros estupendos. Y todos gratis. Un chollo.
—Por eso pasas tantas horas allí, ¿no?
—Por eso y porque quiero participar en uno de esos concursos de televisión de preguntas y respuestas. Me he propuesto dejaros una buena herencia.

(Marcos Mostaza cuatro, página 10)

Un desayuno cardiovascular

—¿Has desayunado? —le preguntó mamá a nuestra invitada.
—Sí, muchas gracias. Un desayuno cardiovascular. Una tostada de pan con aceite de oliva virgen, leche con cacao, una cucharada de miel, dos filetes de pavo braseado y una manzana —dijo sin pestañear.
Mamá sonrió, asintiendo.
—Eso es lo que se llama un desayuno sano. Aprende, Marc.
—Sí, mamá.

(Marcos Mostaza cuatro, páginas 70 y 72)

Qué películas aquellas…

—¿Armstrong? —repitió uno de los viejos que jugaba a las cartas, poniéndose de pie de un salto—. Ya nadie hace películas como las que hacía aquel hombre. Lo que el cierzo se llevó, Con la suerte en los talones…
—Tienes razón, Wenceslao. Qué películas aquellas… en blanco y negro. Yo era más de las películas de indios y vaqueros: Sordo ante el peligro, Fort Mondeo…
El portero siempre llama dos veces…
—¿No eran tres, per se? —preguntó su compañero de mesa, un hombre pequeño con la cara llena de miles de arrugas.
—Para mí que eran, mínimo, cuatro —dijo otro de orejas puntiagudas, que llevaba la camisa llena de ceniza.

(Marcos Mostaza cuatro, página 51)

Marcos Mostaza cuatro

Ya está en las librerías la cuarta entrega de Marcos Mostaza. Como toca en estos tiempos, Marcos está en la cama con algunas décimas de fiebre. Mientras, su peculiar abuelo intenta contarle recuerdos que Marcos ya ha oído más de cincuenta veces. Pero este abuelo siempre encuentra alguna historia escondida en su memoria con la que sorprender a su nieto.

Así empieza el libro:

“No había nadie en casa. Quiero decir que ni estaba mi padre, ni mi madre, ni mi hermana. Estaba yo y mi abuelo. Y los muebles y los electrodomésticos y el aloe vera que crece en la maceta de barro que nos regaló tía Laura y el muñeco Buzz Lightyear que se dejó olvidado mi vecino Lenin…
Yo estaba en la cama con unas décimas de fiebre. Me dolía la garganta. Mi abuelo, sentado en el borde de la cama, con las manos en las rodillas, no dejaba de hablarme:
—¿Te he contado alguna vez que mi bisabuelo casi se hizo rico vendiendo unos polvos mágicos que acababan con las pulgas?
—Como unas treinta veces, abuelo. Se trataba del polvillo de unas flores que crecían a la orilla del camino y que el bisabuelo dejaba secar debajo de la ventana. Casi acaba en la cárcel.
—Ya. ¿Y cuando se hizo pasar por el Gobernador de la provincia de Almería y se hartó de comer buñuelos en una lujosa fonda?
—También, como unas cincuenta veces —le contesté. Mi abuelo torció la boca. Y como si hubiese encontrado el gen responsable del sentido común, me dijo:
—Pero ¿a que no sabes por qué los murciélagos duermen boca abajo?
—¿Los murcianos? No sabía que los murcianos durmiesen boca abajo, abuelo”.

Si quieres leer el resto del primer capítulo, puedes descargártelo en PDF.

Reseña en ABC

“Marcos Mostaza ve cómo su padre opera a la vieja radio de su madre a “transistor abierto”. Un shock. Y al caer al suelo un tornillo despistado, Marcos lo guarda en su bolsillo para luego contarle a su amigo Lechuga 222 -es decir, a Hanif- que se le cayó a un Boeing que se había estrellado en algún lugar remoto de África. Una historia tan común como genial en la que todos tienen sus manías, los abuelos extienden la ropa entre pinzas que simulan banderas de Europa y los amigos se llaman Lenin y Merlín. Divertidos despropósitos entre adolescentes con imaginación”. (T.R., ABCD 26 de septiembre de 2009)

Daredevil según Eloy Merlín

Raquel dice que hay noches de primavera que el olor del mar llega hasta su calle. Sostiene que el viento arrastra también el ruido de las olas. Hanif, con bastante mala leche le contesta que él también huele a mar, sobre todo cuando pasa por la pescadería El faro, que está al comienzo de su calle. Sergio Abadía (me estoy empezando a mosquear) le llama idiota y se pone de parte de Raquel.
—Yo también oigo el ruido de las olas. Y el olor de la sal —asegura Sergio.
—Pero, ¿cómo vas a escuchar el ruido de las olas si la playa más cercana está a más de doscientos cincuenta kilómetros? Ni que fueras Daredevil —le dijo Eloy Merlín, en el patio, en el recreo.
—¿Y quién es ese? ¿No será el delantero centro del Lokomotiv de Moscú? —preguntó Sergio Abadía—. Cómo va de cabeza el tío.
—Tú si que te vas de cabeza. Daredevil no es ningún futbolista, es un superhéroe —le contestó Eloy.
—Un superhéroe ciego que… —dijo Hanif.
—Ciego, pero con sus otros cuatro sentidos super desarrollados —insistió Eloy.
—¿Cinco? ¿No son seis los sentidos? —preguntó Raquel—. Oído, vista, tacto, gusto, olfato y…
—Y nada. Son cinco los sentidos que nos informan de todo cuanto pasa a nuestro alrededor. Pues como os digo: Daredevil es ciego, pero sus dedos pueden leer por el simple contacto con la tinta impresa; también puede identificar a las personas solo por el olor que desprenden y es capaz de escuchar los latidos del corazón de una persona a una distancia de seis metros y saber si alguien le está mintiendo o no al escuchar los cambios del ritmo del corazón, y por si fuera poco…
—Y por si fuera poco, sabe siete idiomas —le interrumpió Hanif.
—¡Qué dices! Y si fuera poco, Daredevil es un implacable vengador de la justicia —remató Eloy, subrayando lo de vengador de la justicia.
—¿Y como es eso de que es ciego? Nunca había oído hablar de un superhéroe ciego —quiso saber Lorena.
—Ni yo —dijo Sergio Abadía.
—Pues por un accidente. De joven lo atropelló un camión…
—De pescado —Hanif estaba gracioso y con ganas de interrumpir.
—¡Qué pesados que sois! —se enfadó Eloy con cara de pocos amigos—. Si no queréis que os cuente qué paso, me callo.
—Sigue, por favor —dijo Lorena.
—El camión iba cargado con un material radioactivo. Con tan mala suerte que un isótopo radioactivo salió volando del camión y chocó contra los ojos de Daredevil. Desde entonces se quedó ciego. Pero, gracias a las sustancias radioactivas que transportaba el camión, sus otros cuatro sentidos se sensibilizaron hasta el extremo…
—Hasta el extremo de escuchar el ruido de las olas —sentenció Hanif.
—Entonces, si no lo entiendo mal, ¿Sergio Abadia es un superhéroe? —dije.
—¿Yooo? —contestó Sergio, superado por la pregunta.
—Tal vez —contestó Raquel.
Aquella respuesta no me gustó un pelo. Sonó la sirena y subimos todos hacia clase.
—El Diablo Atrevido —dijo Eloy camino de las escaleras
—¿Qué has dicho?
—Que Daredevil, traducido al español, viene a ser algo así como El Diablo Atrevido.
—¡Aaah! Lo sabes todo, ¿eh?
—Casi todo.
—Pues ya me dirás qué es un isótopo, listo.
—Pues…