Archivo para Octubre 2009

Ni una más ni una menos

Jueves, 29 Octubre, 2009

—Qué te he dicho. Lo cuento todo —dije algo fanfarrón.
—¿Todo?
—Todo. Incluso las veces que subo y bajo en el ascensor de mi casa.
—¿También? No me lo creo ¿Cuántas veces has subido y bajado? —me retó Hanif.
—Con la de hoy: tres mil trescientos treinta y tres.
—¿Justas?
—Ni una más ni una menos.

(Marcos Mostaza cuatro, página 26)

Croquetas de jamón

Jueves, 22 Octubre, 2009

—Era una broma abuelo. Eres mi mejor abuelo.
—Pues claro que soy tu mejor abuelo. No tienes otro. Anda vamos. Conozco un bar que hacen unas croquetas de jamón sin jamón que te chupas los dedos.

(Marcos Mostaza cuatro, página 42)

La herencia del abuelo

Lunes, 19 Octubre, 2009

—Pues sí que sabes cosas, abuelo.
—De algo me tiene que servir pasarme tantas horas metido en la biblioteca pública. Hay unos libros estupendos. Y todos gratis. Un chollo.
—Por eso pasas tantas horas allí, ¿no?
—Por eso y porque quiero participar en uno de esos concursos de televisión de preguntas y respuestas. Me he propuesto dejaros una buena herencia.

(Marcos Mostaza cuatro, página 10)

Un desayuno cardiovascular

Sábado, 17 Octubre, 2009

—¿Has desayunado? —le preguntó mamá a nuestra invitada.
—Sí, muchas gracias. Un desayuno cardiovascular. Una tostada de pan con aceite de oliva virgen, leche con cacao, una cucharada de miel, dos filetes de pavo braseado y una manzana —dijo sin pestañear.
Mamá sonrió, asintiendo.
—Eso es lo que se llama un desayuno sano. Aprende, Marc.
—Sí, mamá.

(Marcos Mostaza cuatro, páginas 70 y 72)

Qué películas aquellas…

Martes, 13 Octubre, 2009

—¿Armstrong? —repitió uno de los viejos que jugaba a las cartas, poniéndose de pie de un salto—. Ya nadie hace películas como las que hacía aquel hombre. Lo que el cierzo se llevó, Con la suerte en los talones…
—Tienes razón, Wenceslao. Qué películas aquellas… en blanco y negro. Yo era más de las películas de indios y vaqueros: Sordo ante el peligro, Fort Mondeo…
El portero siempre llama dos veces…
—¿No eran tres, per se? —preguntó su compañero de mesa, un hombre pequeño con la cara llena de miles de arrugas.
—Para mí que eran, mínimo, cuatro —dijo otro de orejas puntiagudas, que llevaba la camisa llena de ceniza.

(Marcos Mostaza cuatro, página 51)

Marcos Mostaza cuatro

Lunes, 12 Octubre, 2009

Ya está en las librerías la cuarta entrega de Marcos Mostaza. Como toca en estos tiempos, Marcos está en la cama con algunas décimas de fiebre. Mientras, su peculiar abuelo intenta contarle recuerdos que Marcos ya ha oído más de cincuenta veces. Pero este abuelo siempre encuentra alguna historia escondida en su memoria con la que sorprender a su nieto.

Así empieza el libro:

“No había nadie en casa. Quiero decir que ni estaba mi padre, ni mi madre, ni mi hermana. Estaba yo y mi abuelo. Y los muebles y los electrodomésticos y el aloe vera que crece en la maceta de barro que nos regaló tía Laura y el muñeco Buzz Lightyear que se dejó olvidado mi vecino Lenin…
Yo estaba en la cama con unas décimas de fiebre. Me dolía la garganta. Mi abuelo, sentado en el borde de la cama, con las manos en las rodillas, no dejaba de hablarme:
—¿Te he contado alguna vez que mi bisabuelo casi se hizo rico vendiendo unos polvos mágicos que acababan con las pulgas?
—Como unas treinta veces, abuelo. Se trataba del polvillo de unas flores que crecían a la orilla del camino y que el bisabuelo dejaba secar debajo de la ventana. Casi acaba en la cárcel.
—Ya. ¿Y cuando se hizo pasar por el Gobernador de la provincia de Almería y se hartó de comer buñuelos en una lujosa fonda?
—También, como unas cincuenta veces —le contesté. Mi abuelo torció la boca. Y como si hubiese encontrado el gen responsable del sentido común, me dijo:
—Pero ¿a que no sabes por qué los murciélagos duermen boca abajo?
—¿Los murcianos? No sabía que los murcianos durmiesen boca abajo, abuelo”.

Si quieres leer el resto del primer capítulo, puedes descargártelo en PDF.