Marcos Mostaza tres
Miércoles, 27 Mayo, 2009Ya está en las librerías el tercer título de la serie, que comienza así:
Zumo de radio
Mamá es de esas personas que todavía muele el café en casa, en un molinillo eléctrico de los años setenta, en la cocina. Por lo que sea, desconfía de los paquetes de café ya molido. Un día le pregunté por qué dudaba del café molido que venden en los supermercados. Mamá me miró, abrió la boca, la volvió a cerrar y se encogió de hombros.
—¿Tienes miedo a que en uno de esos paquetes de café te puedas encontrar una uña de ratón? —insistí.
Ni una palabra como respuesta. No está bien que los padres, en este caso las madres, no contesten a las preguntas de los hijos.
Casi todos los sábados, por no decir todos, sin la preocupación de tener que ir a trabajar, sin prisas, mamá repite la misma operación: enchufa la radio que tenemos en la cocina y se pone a moler café. La radio no va a pilas, está enchufada a la corriente eléctrica. Giras una ruleta negra (clic) y la radio se pone en funcionamiento. Con la misma ruleta regulas la voz que sale de dentro. A ojo, no como el reproductor de CD que tiene mi padre en uno de los estantes de la librería del cuarto de estar, en el que unas rayitas rojas indican lo alto que suena la música. A más rayitas rojas, más volumen. A menos rayitas, menos volumen.
